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77 roturas en 52 años: el SOTE al borde del colapso

Petroecuador tardó 30 minutos en confirmar la rotura del oleoducto SOTE que desató un derrame de crudo en Quinindé, Esmeraldas, el 13 de marzo de 2025, un incidente que reaviva el debate sobre la vulnerabilidad de esta infraestructura clave tras 77 roturas en 52 años.

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Un nuevo golpe al Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) puso en jaque a Petroecuador el pasado 13 de marzo, cuando un deslizamiento de tierra en Quinindé, provincia de Esmeraldas, provocó la ruptura de la tubería y un derrame petrolero de magnitud aún incierta. Según el gerente general de la estatal, Roberto Concha, la empresa detectó una anomalía en el flujo de crudo a las 18:31 y detuvo el bombeo un minuto después, a las 18:32. Sin embargo, no fue hasta las 18:58 —27 minutos más tarde— que se confirmó la rotura, y el flujo interno del petróleo se detuvo completamente a las 19:00 tras el cierre manual de válvulas.

Concha detalló en Esmeraldas, el 20 de marzo, una cronología que culminó con el bloqueo total del oleoducto entre las 20:00 y 20:20, 49 minutos después de la primera alerta. El incidente ocurrió en una zona de difícil acceso, dentro de una propiedad privada, donde la fuerza de las lluvias desplazó la tierra y dejó la tubería expuesta, causando su ruptura al chocar contra una base. “El sábado constatamos in situ cómo el deslizamiento afectó la ladera y desplazó el tubo”, afirmó, acompañado por el viceministro de Hidrocarburos, Guillermo Ferreira, y el presidente del OCP, Jaime Bucheli. La respuesta incluyó maquinaria pesada para estabilizar la tubería, un proceso que comenzó esa misma noche.

La magnitud del derrame sigue bajo análisis. Concha estimó que quedaron “atrapados” unos 3.800 barriles —el volumen que dejó de bombearse—, pero precisó que la cifra exacta se conocerá cuando el crudo reanudado el 19 de marzo llegue al Terminal de Balao, en unas 48 horas. El SOTE, vital para Ecuador con un promedio de 268.000 barriles diarios en enero, ha registrado al menos 77 roturas en sus 52 años de operación, evidenciando su fragilidad ante eventos naturales y el desgaste de su infraestructura.

El caso tomó un giro polémico con las declaraciones de la ministra de Energía, Inés Manzano, quien el 19 de marzo sugirió un posible “sabotaje” basado en un informe técnico que indica que la tubería estaba descubierta antes del deslizamiento. “Hay datos que señalan una rotura provocada”, afirmó en Ecuavisa, pidiendo una investigación fiscal. Esta hipótesis choca con la versión de Concha, quien atribuyó el incidente exclusivamente a causas naturales. Las insinuaciones de Manzano fueron calificadas como “sensibles e irresponsables” por el excandidato presidencial Pabel Muñoz, avivando el debate sobre la gestión de la crisis.

El derrame en Esmeraldas expone las tensiones entre la necesidad de modernizar el SOTE y las acusaciones de negligencia o intencionalidad. Mientras Petroecuador trabaja en la contención y promete claridad sobre el volumen perdido, las comunidades afectadas exigen respuestas rápidas y efectivas. Con el bombeo reanudado, el país espera no solo cuantificar el daño, sino también definir responsabilidades en un incidente que pone a prueba la infraestructura energética nacional.

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