La temporada invernal de 2026 ha pasado de ser una emergencia estacional a una crisis nacional de Nivel 4. Según el informe SitRep No. 34 de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, la magnitud de los desastres ha sobrepasado la capacidad de respuesta de municipios y prefecturas, obligando al Gobierno Central a tomar el mando directo de los recursos y la rehabilitación de infraestructura.
Un crecimiento exponencial de la tragedia Las cifras son alarmantes: solo en lo que va de febrero, el impacto de las lluvias se multiplicó por diez en comparación con enero, pasando de 1 172 a 13 035 personas afectadas en apenas tres semanas. En total, 14 207 ciudadanos han sufrido las consecuencias de un temporal que ya cobra tres vidas en Cotopaxi, Chimborazo y Azuay.
Mapa de riesgos y ríos desbordados Actualmente, seis provincias se encuentran en Alerta Roja: Esmeraldas, Los Ríos, Pichincha, Carchi, Guayas y Loja. La situación hídrica es crítica, con 17 cuerpos hídricos desbordados.
- En Los Ríos, nueve ríos están fuera de su cauce (incluyendo el Babahoyo y Catarama).
- En Guayas, ocho ríos han inundado zonas aledañas (como el Milagro y Pula).
- En Pichincha y Esmeraldas, los niveles de los ríos Chirapi, Caoni y Onzole mantienen una peligrosa tendencia creciente.
Infraestructura y Agro bajo asedio El balance de daños materiales incluye 49 viviendas destruidas y más de 3 500 afectadas. La educación también sufre el impacto, con 224 unidades educativas con daños funcionales. En el campo, el Ministerio de Agricultura evalúa 615 hectáreas de cultivos perdidas, lo que presagia un impacto directo en los precios de los productos de primera necesidad.
Respuesta integral del Estado Para enfrentar el desastre, se han activado 59 comités de operaciones de emergencia (COE) en todos los niveles. Desde la entrega de agua potable por parte de Bomberos en sectores aislados, hasta el despliegue de las Fuerzas Armadas en Alausí y la seguridad brindada por la Policía en zonas evacuadas como Zaruma, el Estado intenta contener una emergencia que, según los pronósticos, seguirá alimentada por el calentamiento inusual del mar.






