La excandidata presidencial Luisa González ha sacudido el escenario político nacional al confirmar su deseo de postularse para la Prefectura de Manabí en las elecciones del 29 de noviembre de 2026. González busca suceder a Leonardo Orlando en lo que se considera el bastión inexpugnable del correísmo, marcando su regreso oficial a la política territorial de la costa.
El muro legal: Una candidatura en el aire
A pesar del entusiasmo de sus simpatizantes, la carrera de González enfrenta un obstáculo crítico: su organización, Revolución Ciudadana, se encuentra suspendida por nueve meses debido a investigaciones judiciales en curso. Esta sanción, en teoría, le impide participar bajo sus propios colores en los comicios seccionales.
Hasta el momento, la dirigente no ha aclarado si buscará una alianza con otro movimiento o si espera que un recurso legal revierta la suspensión antes de la inscripción de candidaturas.
El retorno y la denuncia
Tras una gira por España, Uruguay y Colombia, González aterrizó en Ecuador el pasado 25 de abril, desmintiendo categóricamente los rumores sobre un posible asilo en México. A su llegada, adoptó un tono combativo, calificando la suspensión de su partido y la cancelación de otros movimientos (como Construye y Unidad Popular) como una «persecución sistemática» del Gobierno de Daniel Noboa para limpiar el camino electoral.
Manabí: El objetivo estratégico
Con Leonardo Orlando fuera de la reelección por límite de periodos, el correísmo no puede permitirse perder Manabí. La figura de Luisa González no solo busca asegurar la provincia, sino también servir de termómetro para medir la fuerza del movimiento tras los recientes golpes judiciales. La gran incógnita sigue siendo: ¿en qué casilla aparecerá su nombre el próximo noviembre?






