Un escenario de extrema violencia y crueldad ha quebrado la tranquilidad de la comunidad educativa y de los habitantes de la capital de la República. El violento crimen de una docente de Educación Física, registrado en el norte de Quito, ha causado una profunda conmoción y consternación colectiva. La víctima mortal de este ataque armado fue identificada de manera oficial por las autoridades y sus allegados como Adriana Sáenz, una destacada profesional y deportista cuyos familiares, amigos y compañeros de trabajo hoy levantan su voz con firmeza para exigir una respuesta inmediata de la justicia ante este condenable acto de sangre.
Los hechos se suscitaron de forma trágica durante las primeras horas de la mañana del miércoles 1 de julio de 2026, en el exterior de la vivienda de la víctima, justo en el instante en que ella se disponía a trasladarse hacia su jornada laboral diaria. De acuerdo con las evidencias recabadas, un compañero de trabajo de la docente la había recogido en su vehículo para movilizarla. Un video de seguridad captó con total nitidez el movimiento cronológico de la escena a las 06:57 de esa mañana, registrando el momento exacto en que Adriana Sáenz se despidió de su madre antes de subir al automóvil.
La reconstrucción de los hechos detalla que, al abordar el vehículo, la maestra no alcanzó a cerrar por completo la puerta del automotor. En ese preciso instante, visualizó a dos hombres que se encontraban parados a escasos metros de distancia. Uno de estos individuos portaba un ramo de flores en sus manos y caminó de manera directa hacia ella con el aparente fin de entregárselo. Sin embargo, en el momento exacto en que simulaba realizar la entrega del detalle, el sujeto extrajo un arma de fuego y le propinó varios disparos directos a su humanidad. Todo este violento suceso ocurrió bajo la mirada desoladora de la madre de la víctima, quien observaba toda la escena directamente desde el balcón de la residencia.
Adriana Sáenz era madre de dos pequeños niños: Ariana, de apenas 7 años de edad, y Barú, de tan solo 2 años. En el ámbito profesional, se desempeñaba con vocación como docente del área de Cultura Física en la Unidad Educativa ‘Manuel Abad’. Ante la irreparable pérdida, los restos mortales de la educadora están siendo velados desde este jueves 2 de julio de 2026 en las salas de la Funeraria Nacional, ubicada en el norte de Quito, un espacio que se ha llenado de muestras de dolor, coronas florales y recuerdos de su trayectoria.
Desde su infancia, la maestra demostró un apego y una pasión innata por las disciplinas deportivas, factor que la motivó a seguir esa trayectoria profesional hasta graduarse con el título de Magíster en Educación Física en la Universidad Central del Ecuador (UCE). Su tío, José Sáenz, la recordó públicamente como una persona sumamente estudiosa, cariñosa y querida por su entorno, remarcando que en sus años de juventud llegó a consagrarse como seleccionada de fútbol. Por su parte, su padre, Francisco Sáenz, relató con profunda tristeza que mantenía una comunicación diaria con su hija, a quien cada jornada le otorgaba la bendición, al tiempo que agradeció el apoyo brindado por los compañeros de trabajo de Adriana, quienes siempre la motivaron a continuar escalando peldaños en sus estudios de posgrado.
El asesinato provocó una ola masiva de condolencias y demandas públicas de seguridad. Las autoridades y el personal de la Unidad Educativa ‘Manuel Abad’ emitieron sus notas de pesar formales, sumándose a las sentidas palabras de gratitud de padres de familia y alumnos. Entre las decenas de comentarios que inundaron las plataformas virtuales constan frases como: «Descansa en paz Adrianita», «nos deja un gran vacío en nuestros corazones. Las personas que la conocimos sabemos que fue una gran persona y una excelente licenciada», y «ella es y será la mejor licenciada de la institución U E Manuel Abad».
Paralelamente, las autoridades académicas de la Facultad de Cultura Física de la Universidad Central del Ecuador emitieron un enérgico manifiesto público en su cuenta oficial de Facebook para plasmar su indignación por el violento deceso de su exalumna.
«Perder a una profesional entregada a la educación, cuya vida fue arrebatada de forma tan trágica, es un golpe devastador no solo para nuestra institución, sino para todo el cuerpo docente y la sociedad», puntualizó el comunicado de la facultad.
Finalmente, la institución de educación superior exigió máxima celeridad en las investigaciones y demandó acciones concretas al Estado. «No podemos callar ante la violencia que apaga la vida de profesionales valiosos. Exigimos con firmeza a las autoridades del Gobierno, a la Policía Nacional y a la Fiscalía General del Estado una investigación inmediata, exhaustiva y transparente», concluye el pronunciamiento oficial ante este crimen que enluta al país.






