El capitán de la embarcación, quien fue el más golpeado durante el ataque, narró cómo protegió a sus dos sobrinos, jóvenes aprendices de pesca. «Les pedí que no les pegaran a ellos porque son pelados todavía, uno como sea ya aguanta los golpes», relató emocionado. Antes de retirarse, los asaltantes dispararon al aire para intimidar a las víctimas, advirtiéndoles que no levantaran la cabeza hasta estar lejos del lugar.
Durante el asalto, los criminales desmontaron el motor principal de la embarcación, sustrajeron teléfonos celulares, combustible y equipos de encauchado esenciales para las labores diarias de pesca. Tras el incidente, los pescadores tuvieron que regresar remando hasta tierra firme, donde sus familiares ya sospechaban que algo grave había ocurrido debido a la falta de comunicación.
La angustia de los familiares aumentó cuando intentaron contactar a los pescadores sin éxito. «Sabía que algo estaba mal porque ellos nunca se alejan tanto, y siempre contestan los celulares», comentó un allegado de las víctimas. Finalmente, tras reportar la situación al Ecu 911, la Capitanía del Puerto coordinó una búsqueda que permitió localizar a los afectados y traerlos de vuelta a salvo.
Este caso refleja el creciente problema de inseguridad que enfrentan los pescadores artesanales en la región. Según testimonios locales, los robos de motores son recurrentes y rara vez se denuncian debido a la falta de resultados efectivos por parte de las autoridades. «De nada nos sirve denunciar si eso solo queda en estadísticas. Uno pierde el motor y nunca lo recupera, además quedamos endeudados si es nuevo», señaló otro pescador afectado.
El costo del motor sustraído en este caso ascendió a USD 3.000, una pérdida devastadora para esta familia peninsular cuya única fuente de ingreso es la pesca. Además, los equipos de trabajo y dispositivos móviles también fueron robados, dejando a los pescadores en una situación económica crítica.






