Tres días después de la tragedia que enlutó a una familia ecuatoriana, los cuerpos de los hermanos gemelos Ariel Alejandro y Ariosto Maximiliano Zuleta Gálvez, de 14 años, aún no han sido recuperados. La desesperación crece entre sus familiares, quienes exigen más recursos para intensificar la búsqueda en las aguas de Montañita, en Santa Elena.
El dolor palpita en cada rincón de Montañita. La noche del lunes 24 de marzo, la comunidad se reunió al pie del mar para orar por el retorno de los adolescentes. En un acto simbólico cargado de fe, colgaron dos camisetas de fútbol que pertenecían a los jóvenes, junto a fotografías y velas encendidas, como un ritual para pedirle al océano compasión.
“Este es un acto religioso muy tradicional en desgracias como estas. Nosotros creemos que es una forma de rezar por sus almas y pedirle al mar que nos devuelva sus cuerpos”, expresó Patricia Aguilar, habitante de la comuna.
La angustia de la familia Zuleta es inmensa. Fabricio Zuleta, padre de los adolescentes, relató cómo su vida cambió en cuestión de minutos el pasado sábado 22 de marzo. “Nosotros llegamos ese día porque ellos me pidieron que los llevara a la playa, ya que casi nunca salían. No estaban ni muy al fondo cuando vino una ola, los revolcó y se los llevó a los dos”, recordó con voz entrecortada.
Los hermanos, nacidos en Guayaquil, eran inseparables. Ahora, su ausencia deja un vacío irreparable en quienes los amaban. Sin embargo, la falta de recursos para la búsqueda ha generado frustración entre los familiares. Según denunciaron, los guardacostas solo dedican una o dos horas diarias a la operación, lo que consideran insuficiente.

“Queremos que alguna autoridad, como el Gobernador, nos ayude con más embarcaciones y un helicóptero. Para mí es un dolor muy grande como padre todavía no poder darles cristiana sepultura a mis hijos”, clamó Fabricio Zuleta durante una visita a la Fiscalía de Santa Elena, donde solicitó apoyo para intensificar los esfuerzos.
Mientras tanto, el Cabildo de Montañita ofreció un espacio a la familia para que puedan descansar durante su estadía en Santa Elena. Pese a la solidaridad de la comunidad, el tiempo pasa y la incertidumbre crece.
La tragedia en Montañita no solo ha dejado un duelo familiar, sino también preguntas sobre la capacidad de respuesta ante emergencias en playas ecuatorianas. Mientras la familia espera un milagro, el océano guarda silencio sobre el destino de los jóvenes gemelos.






