Un macabro y escalofriante hallazgo de ocho cuerpos sin vida, completamente ocultos en el interior de sacos de arroz, conmocionó las primeras horas de este miércoles 3 de junio de 2026 en el sector conocido popularmente como ‘Las Cañitas’, ubicado con exactitud en el kilómetro 12 de la estratégica vía que conecta a las localidades de Jujan y Babahoyo. Este perturbador descubrimiento de violencia extrema se produce en medio de una profunda angustia nacional por la misteriosa desaparición de ocho jóvenes ciudadanos, de quienes no se tiene ningún tipo de rastro desde el pasado domingo 31 de mayo de 2026. La macabra escena vial se registra en una jornada de extrema tensión informativa en el país, coincidiendo de forma paralela con otros sucesos de alto impacto nacional como el hallazgo de cuerpos en la vía Babahoyo-Jujan que moviliza a familiares de jóvenes desaparecidos, los operativos policiales que permitieron desarticular un presunto brazo armado de la organización delictiva Los Choneros en Babahoyo, y la detención del alcalde de Esmeraldas, Vicko Villacís, en un operativo por presunto lavado de activos.
Hasta el momento del cierre de este reporte, las autoridades policiales y judiciales no han confirmado de forma oficial si los cadáveres encontrados en la carretera corresponden a las identidades de los ciudadanos reportados como desaparecidos. El levantamiento de los restos humanos desencadenó un caótico periplo institucional que evidencia la crisis del sistema forense en la región. Inicialmente, los cuerpos fueron trasladados de urgencia al centro forense de la ciudad de Babahoyo; sin embargo, debido a la absoluta falta de médicos legistas disponibles en este lugar, tuvieron que ser derivados de inmediato al cuerpo forense del cantón Milagro. Al llegar a esta segunda dependencia, las autoridades constataron que tampoco había personal de turno para receptarlos, por lo cual los cadáveres no fueron recibidos. Actualmente, los restos mortales están siendo trasladados bajo resguardo hacia la ciudad de Guayaquil, urbe donde las familias esperan que finalmente se logre iniciar el debido proceso forense y las respectivas autopsias de ley.
La angustia de los familiares es desgarradora. Los allegados de las víctimas se muestran sumamente desesperados y sumidos en una total incertidumbre, ya que hasta las horas de la mañana del miércoles no pudieron realizar el reconocimiento formal de al menos uno de los cuerpos debido a los fallidos traslados institucionales. Pese a la brutalidad de la escena del crimen, los padres y hermanos mantienen la firme esperanza de que sus hijos aún estén con vida en algún lugar y que no pertenezcan al grupo de fallecidos hallados dentro de los sacos junto a la carretera.
Respecto a las investigaciones técnicas, se recabaron las declaraciones oficiales del coronel Galo Muñoz, quien se desempeña como comandante de la Zona 5 de la Policía Nacional. La autoridad uniformada indicó ante la prensa que se espera con urgencia la identificación dactilar y antropológica de los cadáveres para determinar científicamente si se relacionan o no con la investigación penal iniciada previamente en Milagro tras el reporte de la desaparición de los ocho jóvenes. “Una vez que lleguen al centro forense, se determinará en qué condiciones se encuentran y su identidad… se investigará en qué horario fueron abandonados en este sector”, afirmó con contundencia el comandante zonal.
El hallazgo estuvo acompañado de un mensaje aterrador que confirma la violencia de las agrupaciones narcodelictivas. La alerta sobre la presencia de los bultos sospechosos fue recibida por las unidades de emergencia a las 07:10 horas del miércoles 3 de junio a través del sistema integrado ECU911. Los cuerpos se encontraban metidos dentro de sacos de yute y meticulosamente embalados con cintas plásticas. Además, los asesinos alinearon fríamente los sacos junto a la calzada vehicular dejando un cartel con una amenaza explícita que decía textualmente: “Todo aquel que le copie a Los Choneros, así van a quedar. Att.: Los Lobos”. Este explícito mensaje de guerra delictiva fue plenamente confirmado ante los medios por el propio ministro del Interior, John Reimberg.
Al analizar los antecedentes penales de las posibles víctimas, en caso de que se compruebe técnicamente que se trata de los ocho jóvenes desaparecidos, el fiscal del cantón Milagro, Modesto Freire, aseguró de forma taxativa que se trata de personas limpias y sin ningún tipo de récord judicial o antecedentes policiales. Un dato que agrava profundamente la sensibilidad del caso es que, entre el grupo de los desaparecidos, constan dos menores de edad.
Los detalles sobre los desaparecidos dan cuenta de un viaje ordinario que terminó en misterio. El grupo de amigos salió desde el cantón Daule alrededor de las 11:00 horas del pasado domingo, movilizándose en cuatro motocicletas particulares, con dos ocupantes a bordo de cada una de ellas. Desde ese instante, nadie volvió a tener noticias ni comunicación alguna sobre su paradero.
Según los testimonios desesperados de sus allegados directos, Anthony Martínez, de 23 años de edad, fue quien organizó el viaje vial hacia Milagro con el único fin de realizar un trámite administrativo relacionado con una motocicleta que había comprado meses atrás de forma legal. Para no viajar solo, lo acompañaron su hermano consanguíneo Juan Carlos Martínez, de 24 años; su primo Roy M., de apenas 15 años; su amigo Ariel Vera, de 20 años; Jackson Castro, de 17 años; Ricardo Castro, de 28 años; Jeremy Castro, de 23 años; y finalmente Andy Sáenz, el mayor del grupo con 31 años de edad. Desde el mismo día en que se perdió el contacto telefónico, los familiares han iniciado por cuenta propia una intensa y desesperada búsqueda en los cantones de Milagro y Yaguachi, recorriendo hospitales y morgues sin obtener respuestas claras.
El traslado de los cuerpos hacia Guayaquil determinará en las próximas horas si el viaje de estos ocho amigos de Daule concluyó en la peor masacre registrada en las carreteras de la provincia de Los Ríos, bajo el fuego cruzado de las bandas delictivas que azotan el país.






